Era el momento de despedirnos, y me acerqué decidida a darte dos besos. Todo iba bien, el primer beso en tu mejilla izquierda, y en el recorrido hacia tu otra mejilla, algo sucedió. Los dos nos detuvimos y te quedaste mirándome como nunca antes los habías hecho, casi con curiosidad, sin decidirte. Entonces me acerqué y nuestros labios se rozaron suavemente, y entonces pasaron los dos segundos más largos de toda mi vida, hasta que me lancé a darte un beso de verdad. Y justo ahí, me desperté.